Wednesday, February 20, 2019
THE PIFLEBOB
YOU MUST ACCEPT IT
THE WORLD PROCLAIMS
THE PIFLEBOB
AND WHAT REMAINS
OF THAT WHICH CAME BEFORE
THAT`S TRUE
THE AFTERMATH
OF
WHAT WAS NEW
YET PIFLEBOS
SEEM STRANGE
AND FRIGHTENING
AS THOUGH THE THUNDER
PRECEDED THE LIGHTENING
AND UPSIDE DOWN
WAS BUT A BOAST
OF SOMETHING DISTANT
SEEN UP CLOSE
A PIFLEBOB?
YOU ASK WITH WONDER
A PIFLEBOB
NO OTHER
BUT WHAT`S A PIFLEBOB
MY COUSIN?
IT HAS NO MEANING
JUST SO!
I`LL TAKE A DOZEN
Friday, May 29, 2015
EL QUE USA CORBATA
EL QUE USA CORBATA
Cuando abrió sus
ojos, sabía que estaba vivo. Fue una reacción automática, porque la condición
de los años, lo había hecho el resto de sus horas despierto, como un sueño
vivo.
En verdad, no
fue mucho la vida de Jaime Morales, un trabajador del Estado de bajo rango,
pero lo había estado haciendo durante los últimos cuarenta años. Treinta de
estos, viviendo en compañía de su esposa, a quien le gustaba dirigirlo como una
verdadera Doña Leonor de la Cueva. Sus
dos hijos no fueron mucho mejor. Jaime Jr., era un estudiante de la
universidad. Él se miró debajo de su papa, no solo en estatura, sino también en
una opinión orgullosa del status social. Su hija, Leticia, quien tenía
veinticinco años de edad, era una empleada de banco de hacía cinco años atrás.
Parecía vacilar entre la indiferencia y la aversión. Su hostilidad latente
hacia su progenitor, debido al hecho de que ella sentía que iba a precipitarse
a ser una solterona antes de su tiempo. Eso no sucedió porque fuera fea, pero
los jóvenes disponibles de su edad, no estaban casándose en estos días.
Ciertamente no era culpa de Jaime, pero así era su razonamiento.
Aunque estas
realidades fueron parte de su ser, Jaime trato de archivarlos en su
pensamiento, justamente como lo hizo con la vasta cantidad de papelería que
consistía su día de ocho horas.
Ahora que estaba
funcionando su mente, el cerebro de Jaime empezó atravesar por una sección de
pensamientos. El proceso fue así: estoy despierto. Yo; Jaime Morales, esto
significa que estoy vivo y sano. A mi lado esta acostada mi mujer, que lo ha
hecho por treinta años. Pero ella me falta al respeto a mi puesto en la vida.
No estaba despierto todavía sin embargo, así por lo menos estaba libre por el
momento. En realidad, no solo estaba libre de ella, sino también de sus hijos,
quienes dormían todavía. Cuando se realizó esto, le llego un pensamiento bello,
¡Qué gusto de ser el dueño de mi propia casa! Consideró, por lo menos en estos
primeros momentos. Tomó ventaja de este tiempo para planear adelantadamente lo
que tenía que hacer en la oficina. En realidad no fue muy diferente lo que
hacía, ya que durante cuarenta años había hecho lo mismo, pero era importante,
puesto que era su medio de subsistencia y lo mantuvo lejos de esta casa la cual
se había puesto en contra de él. Aparte de esto, le gusto su trabajo, y también
le dio a él una buena excusa para vestirse bien, porque siempre se puso un
traje con una corbata. ¡Una corbata! Vino la palabra como rato a su conciencia,
¡Esto es! Sabía que había algo para mí porque estar particularmente feliz esta
mañana, y ahora me recuerdo: Compré una corbata nueva ayer. Fue una ganga que
conseguí en una de estas ventas callejeras; estos negocios ambulantes, los
cuales se alinearon en las calles principales de la ciudad capital, deteniendo
la corrienda del tráfico y haciendo imposible el paso a los peatones. Nunca
compró nada en la calle, como una regla. Simplemente, era igual como
sancionarlos. Aparte de esto, le faltaba la dignidad que se encontraba uno a comprar
en un almacén. Pero de todos modos estaba seguro de que se consiguió una ganga
esta vez. Por un quetzal cincuenta centavos, compró una corbata azul con rayas
de color rojo y oro. Fue ancha, parecía y se sentía como de seda. El joven le
había pedido dos quetzales cincuenta centavos, pero logró que se lo bajara a la
mitad del precio. Sin embargo, aún los dos cincuenta sería un precio justo. Una
corbata como esa le costaría nada menos que cinco quetzales en un almacén. No,
había hecho un buen trato y Jaime sabía que hoy iba a usar su corbata nueva por
primera vez.
Él se levantó,
se bañó, se vistió y estaba haciendo el café a las seis de la mañana. La
sirvienta india siempre había hecho eso antes que la despidiera. En verdad los
niños estaban grandes ahora, así que no necesitaban tanta atención, y la casa
era tan pequeña para que pudiera limpiarla su esposa. Al mismo tiempo, fue
capaz de ahorrar los treinta quetzales al menos que tenía que pagar a la
sirvienta, el dinero no crece como hojas de un árbol a pesar que su esposa no
quería entenderlo o aceptar esto. La verdad era que ellos tenían que vivir con
un presupuesto que provenía del sueldo de un trabajador del Estado. Esa fue la
verdad simple y Jaime era un hombre práctico.
Si su vida no
había sido particularmente romántica, por lo menos era una existencia continúa.
Cuando se recibió como maestro se aplicó para un puesto con el Estado. Su
primer puesto lo mandaron lejos, en la selva en una pequeña aldea, donde la
gente escasamente podía hablar el castellano. Pasó cinco años en este desolado
puesto avanzado y en recordarlo, fue quizás la parte más interesante de su
existencia de otra manera había sido estéril. A causa de que permaneció allí
todo ese tiempo, le permitió acumular la seguridad necesaria, así que cuando
solicitó un puesto en la capital, calificó para esto. En este segundo puesto se
sostuvo en los últimos treinta y cinco años. Técnicamente trabajaba para el
Ministerio de Educación, pero su lugar actual estaba con las escuelas
secundarias y consistía en poner sellos y archivar papelería importante, con el
sello del gobierno impreso en relieve, colocado en la esquina izquierda y
costando cincuenta centavos cada uno. Fue muy fácil su trabajo y le había
durado una vida.
Jaime siempre
llegaba temprano en la mañana, y hasta los últimos cinco años le había costado
mucho. Esto fue debido principalmente al tráfico, el cual aumentó con la gente,
la población se había duplicado y duplicado otra vez. Las camionetas, que una
vez fueron Mercedes Benz nuevecitas, ahora eran vehículos dañados, amarrados
con alambre. Y si esto no era suficientemente malo, se incrementó el pasaje a
diez centavos, después de que había sido a cinco, desde hace tanto tiempo. La
gente se colgaba de las puertas y se agolpaba en los pasillos. Si conseguía un
asiento, usualmente estaba roto, quebrado o duro como una tabla. La gente
necesitaba el transporte, así que todas las mañanas se amontonaban en estos
monstruos con que se contaminaba el ambiente, mientras que se paraban,
brincaban, escupían y se tiraban a través de la ciudad. Si, los tiempos han
cambiado pero no Jaime Morales. Todavía llegaba primero a su oficina.
En los últimos
cinco años, su oficina había estado localizada en un edificio nuevo al otro
lado de la ciudad. Estaba en el segundo piso, en una estructura de cemento. Por
las luces fluorescentes, Jaime había tendió que cambiar sus lentes una vez
desde que lo pasaron allí, y sentía la necesidad de subir la graduación otra
vez. Aparte de esto su baja y delgada figura parecía caber bien aquí. No se
sentía empequeñecido como en sus oficinas anteriores, cerca del Palacio
Nacional.
Allí, los cielos
altos, con sus diseños de churrigueresco se había intimidado, pero las ventanas
altas y la luz eléctrica era mejor para su vista. Eso era aparte del hecho que
se observara en un ambiente más elegante. Parecía que entonces la construcción
era más un arte que una ciencia. Pero estaban cambiando los tiempos y el rumor
que se tenía era que ese edificio iba a ser botado para hacer un parqueo. El escritorio
de Jaime estaba enfrente de la entrada, con su espalda en contra de un poste de
cemento, fue una estructura nueva hecha de lata con una superficie de plástico;
no como los escritorios hechos de madera, que siempre se usaban antes. Siempre
se mantuvo limpio, para que pudiera empezar de nuevo en la mañana.
Sujetapapeles y lápices en la primera gaveta, los sellos oficiales y
almohadilla en la gaveta de debajo de esa. El abrió estas gavetas con una llave
que usaba en una cadena retractable de plata que llevaba en su cinturón.
Actualmente era un símbolo de estatus para él, de lo cual no se había
disminuido en los últimos treinta cinco años. También era muy escrupuloso en su
trabajo y fue muy agradable pensar que la gente le necesitaba a él y sus
sellos. Fue, sin duda, un verdadero representante de empleado del Estado,
incluyendo su traje y corbata, fue cierto que su traje era un poco viejo, pero
la corbata era nuevecita, el recordaba, mientras que su mano automáticamente se
tocaba el objeto ancho y suave como la seda. Este fue el último movimiento
vanidoso que se hizo antes que entraran los otros trabajadores a la oficina.
Uno de ellos era un tipo canche y joven que fue recientemente empleado, quien
cuando lo vio esta mañana, sonrió y dijo a su compañero:
- Oiga muchá,
allí está el que usa corbata… y los dos rieron y se alejaron.
Jaime fingió no
haber escuchado y rápidamente se enfrascó en su trabajo. El empleado canche
nuevo no solamente era descortés, sino también su apariencia; faltaba en el
mucho más que una gota de responsabilidad, que caracteriza a un empleado del
Estado. Este tipo con apariencia de un joven oso, vino al trabajo no solamente
sin traje y corbata, sino con una camisa abierta mostrando su pecho. No era
solamente una desgracia sino una abominación a la distinción tradicional del
puesto. La verdad es que era igual como que viniera vestido solo en
calzoncillos. ¿Cuál era la diferencia? En realidad, simplemente estaba
mostrando su falta de respeto para el puesto y su poder. Y así era algo como bueno,
sacrílego.
Sin embargo, la
gente como el serían los nuevos hederos de esta oficina y las otras oficinas en
toda la República, Jaime supuso eso mientras que revisaba algunas hojas
escritas a máquina con el sello del gobierno en relieve en la esquina. Eso
significaba que su generación de formalidad seria reemplazada por estos
animales, quienes podrían ser fuertes y aún canches, pero eran en verdad
completamente sin cultura. Esto lo traía el progreso, y quien sabía dónde
eventualmente lo dejaba; pero esto sería mucho después que se jubiló a Jaime.
Si, era cierto, tenía que llegar ese día, como todas las cosas, pero no le
gustaba pensar en esto, por varias razones. Una de estas era porque no sabía qué
hacer con su tiempo libre y la segunda razón porque seguramente le marcaba el
fin de esta larga e importante tradición. Sin embargo, había muchas
indicaciones de eliminar a muchos hombres como él, y los jóvenes como el canche
se burlaba de él, Jaime estaba revisando el mismo documento y pensando estas
inquietudes, cuando entró el jefe. Todos los trabajadores inmediatamente
hicieron el esfuerzo para mantenerse ocupados y Jaime pensaba que el canche
está picando las teclas de su máquina de escribir, particularmente duras. El
tipo bien parecido y muy latino, ignoró a los otros empleados y se acercó
directamente a Jaime, diciendo:
_ Jaime, usted
sabe que tenemos una reunión hoy a las tres de la tarde, y yo quiero asegurarme
que estará allí, ¿entiende?
_Si, señor –
replicó al hombre distinguido y no dijo nada más. Entonces dio la vuelta y
salió de la oficina.
Que significaba
esto, pensaba Jaime, porque él estaba asistiendo a esas reuniones regularmente
por treinta y cinco años. A los otros empleados también se notaba este
nerviosismo y empezaron a chismear, como que esperaban la jubilación de Jaime
después de cuarenta años de trabajo. Una idea similar empezó a pasar por la
mente de Jaime, mientras que revisaba el mismo documento otra vez. Bueno,
quizás compré esta nueva corbata en vano, a causa de que no tendré la oportunidad
de usarla, consideró, alcanzando el objeto de seda con su mano. ¡Que me
importa! Dejen a estos jóvenes huecos quienes no solo no usan corbata, sino que
andan con camisas abiertas, a cargo de
estas oficinas, esto va junto con la decadencia general de la educación,
también el razonó de una manera melancólica. Los otros empleados que habían
visto este contacto especial entre el supervisor y Jaime, sospecharon la misma
cosa que él. De repente sería bajado de su puesto y la preocupación acerca de
su apariencia y la escrupulosidad irán junto con él, pero en vez de lamentarlo,
había una clase de celebración entre los trabajadores y el canche calavereaba
en la oficina hablo tonterías acerca de los que usaban corbata.
Jaime estaba
atrapado por una depresión progresiva cuando se marchó a almorzar. Se dirigió a
un establecimiento local que atendía a los empleados del edificio donde
trabajaba. Jaime se sentaba solo, como era su costumbre, tomando su sopa con
cuidado especial, tratando de no manchar su corbata. El no pudo hacer caso
omiso de los comentarios indirectos intercambiados entre el canche y sus
compañeros. Obviamente era su dirigente y estaba burlándose acerca de cómo
sería de bueno en sustituir este peso muerto de su departamento.
_ Creo que debía
de ser a una edad mandatoria para jubilar a un empleado del estado, el
pisaverde joven declaró en voz alta, para que pudieran escuchar todos los
clientes del pequeño restaurante; - y si no es una ley ya, entonces alguien
debe hacerla – continuó antes de chupar su cerveza perversamente, de la cual
era una infracción de un tabú establecido hacía mucho tiempo atrás acerca de
tomar estas bebidas durante las horas hábiles.
Por supuesto que
Jaime estaba indignado, pero meditó que la filosofía de este tipo probablemente
no era muy diferente a la de su hijo o su hija, en el irrespeto general para
las tradiciones. Lo deprimió ver que un mejor tiempo había pasado. Voy a ser
jubilado hoy, rumió Jaime y conmigo va a pasar el último de los viejos.
Aquellos quienes tomaron en serio sus trabajos, quienes crecieron con el
respeto para la autoridad y fueron cuidadosos en su apariencia. Cuando me vaya,
aparte del supervisor, probablemente nadie va a usar un traje con corbata.
Fue el primero
en regresar a la oficina, pero no tenía que hacer, ya que los estudiantes
jóvenes preferían a los empleados jóvenes para los trámites de sus documentos
que realizaban en la mañana. No le importaba mucho de todos modos, porque
probablemente sería su último día de trabajo, pero Jaime era un hombre de
hábitos, tanto como de carácter, quien siempre quería estar ocupado. Por eso
aceptó el trabajo de algunos otros empleados que necesitaban su ayuda, y de
esta forma, pasó el tiempo hasta las tres de la tarde. Ese era el tiempo en que
iba a suceder la reunión.
Esta vez Jaime
fue el último en salir de la oficina y en vez de tomar el ascensor, subió por
las gradas, como que trataba en algún modo de prolongar esta última vez que lo
haría. Fue necesario para el prepararse así mismo psicológicamente par la realidad
humillante de su jubilación forzada. No le afectaría mucho económicamente,
porque le proporcionarían una jubilación buena más el aguinaldo y no debía nada
en su casa. Así, no era el dinero que lo molestaba, pero si la idea de que
quizás era demasiado viejo y anticuado con la actualidad para ser de algún uso
en este mundo. Eso fue en realidad una idea deprimida, y causó a Jaime detener
una lágrima mientras que tocaba su corbata. En ese momento casi fue
comprometido de quitársela, después de experimentar un momento de insanidad
temporánea, pero detuvo esta inclinación con la resolución de que era mejor
salir con dignidad. ¿Cómo comunicará esta noticia a su mujer y sus hijos, sin
aparecer aún más ridículo en sus ojos? Su esposa probablemente empezaría a quejarse
acerca de la posibilidad de tenerlo todo el día de la casa, mientras que su
hijo se sentiría en desgracia por tener tal padre. Lucrecia podría ponerse más
deprimida en pensar que la misma cosa probablemente sucedería con ella algún
día oscuro. Bueno, todos tendrían que aceptarlo, pensaba, cuando alcanzaba el
último piso y andaba como caminando los últimos pasos de un hombre condenado.
Cuando llegó al
salón de conferencias, se sorprendió completamente. Ahí estaba su esposa, con
su hijo e hija, sentados a los lados de una silla vacante en frente de la mesa,
donde siempre se sentaba el supervisor. Todos estaban bien vestidos y lo
miraban a él con una reverencia que no había visto por mucho tiempo. Era esta
una clase de broma practical, pensaba, con horror repentino, mientras que se
esperaba en la entrada del salón, sin querer pasar adelante. El empleado
canche, quien estaba sentado a la par de su hija, no estaba riendo como siempre
y el supervisor lo aproximó con una sonrisa amigable y le indicó la silla donde
acostumbraba a sentarse y dijo:
_Por favor
profesor Morales, tenga la bondad de sentarse – y Jaime no pudo hacer nada más
que cumplir. Entonces el supervisor con su fina educación, dio inicio a un
corto discurso que ni Jaime ni nadie más de los presentes en el salón
olvidarán.
_Damas,
caballeros y colegas del Departamento de Educación Media, para mí es un gusto
anunciarles ustedes que este acto es una presentación preliminar del cual será
seguido en otra ocasión de una ceremonia de premios especiales con la presencia
del Señor Presidente de la Republica en el Palacio Nacional. Deberíamos todos
de estar orgullosos, porque la persona a quien será otorgado este premio, por
el servicio sobresaliente brindando como empleado del Estado, durante los
últimos cuarenta años, es un miembro de nuestro departamento. El honor que le
proporcionaran es nada menos que el triunfo máximo que nuestro país puede
otorgar a una persona distinguid. Y eso es, como todos ustedes saben la Orden
del Quetzal. Así, otra vez, me da mucho gusto de presentarles al hombre digno
que merece este honor: Profesor Jaime Morales… anuncio el supervisor y todos
empezaron a aplaudir.
Si había
fallecido Jaime y llegaba al cielo, no pudiera imaginar a un sueño más vivido
que esto. Ahí estaba su esposa, bien vestida y aplaudiendo con los demás. Su
único hijo estaba sentado a la par de ella
con una mirada orgullosa en sus ojos, ahora que su padre era famoso. En
el otro lado se encontraba su hija con una apariencia muy atractiva, mientras
que el canche, quien milagrosamente tenia cerrada su camisa para esta ocasión
tan especial, estaba prestando atención a ella. Fue como la culminación de su
vida, colmada con la gratitud que brindaba a él, su país, sus colegas y su
familia. Jaime sonrió tímidamente, tocaba su corbata, luego se paró para
agradecerle a todo el mundo en hacer este día el más importante de su vida.
POEMA DE AMOR Y TORMENTO
POEMA DE
AMOR Y TORMENTO
Un atardecer
De mi vida
Cuando mi alama
Fluctuaba
Ente la tierra
Y el cielo
Pensé en mi pasado
Y en mi futuro
Cuando apareciste tú
Fue un día caluroso
Me recuerdo
Exactamente
De eventos
Superfluos
Compromisos absurdos
Con el que fui atado
En lo común
Mientras que mi corazón
Andaba en los altos
Y esto fue cuando apareciste tú
No fuimos a pasear y te
Presente el aire se puso
Fresco y nos quedamos parados
En un edificio colonial
En el centro de la ciudad
Mirando toda la belleza
Que nos rodeaba
Sin palabras ni esperanzas
Porque supimos los dos
Que este fue un tiempo
Que nunca regresaría
Un atardecer de nuestras vidas
Llamando
Cuando apareciste tú
XXX
Si su mirada me asciende
Hasta la cumbre del cielo
Y su voz me afecta
Como una tormenta en el verano
Y sus ojos azules
Me llevan a las profundidades
De su alma
¿Qué tanto más seria tocarla?
Si estas palabras son expresiones abstractas
Que refleja su ser
La idea perfecta
La lucidez de un sueño
En un mundo vacío
¿Qué tanto más seria sentirla?
Si la vida es solo
Una jornada
Predestinada
Llena de esperanzas
Soledad y temor
Qué bueno fuera
Haberte conocido
Aunque sea por un momento
Para saborear lo que es
El Amor
XXX
Es la media noche
Y todavía
Estoy contigo
Mis copas
Se han aflojado
Y estoy borracho
Y todavía
Estoy contigo
Mis letras
a la vez son más obscuras
a la vez son más obscuras
Estoy borracho; pero mi corazón
Aún está contigo
XXX
Mañana te voy a llamar
Y vamos a pasear como
Antes
En las calles angostas
De mi ser
En las orillas de los ríos
De mi sangre
Hacia las montañas
De mi mente
Rodeada con las nubes
De mi amor
XXX
Tantas veces te he descrito
Y seguí poniendo palabras
En sí
Porque es como una catarata
De mi emoción
Mi pluma de luz
De otro poema
Tan distinto
De ti
Los tiempos son duros
Mi amor
Hay más noche
Qué día
La gente es mala
Mi amor
Hay más muerte
Qué vida
Pero mis palabras
Me sacan
De ese tormento
Y la memoria de tu cuerpo
Me calienta
En este poema
Otra vez
Dedica a ti…
Tuesday, May 26, 2015
YO NO PEDI EL CIELO
YO NO PEDI EL CIELO
Me llano Gloria. Nací en esta tierra, pero no estoy segura donde. Creo que
fue en la costa, o por lo menos esto es lo que dicen algunos que me conocen.
Según algunos de ellos tengo ocho años de edad, pero otros dicen que tengo diez. La verdad es que no sé. Como le dije, nací en esta tierra, pero no pedí
el cielo
Mi mamá era una de esas mujeres de los bares que servían tragos y otras
cosas a los hombres borrachos que llegan por allá. No me recuerdo muy bien
porque era muy niña cuando se murió de una enfermedad. Estuve con un grupo de
niñas y niños mayores de edad y vivíamos juntos, atrás del bar con todas esas
mujeres que vestían de gala en la noche y en el día se trataban de recuperar de
su fiesta.
Bueno, creo que fue así pero como digo, esto fue hace mucho tiempo, como
tengo ocho o diez años de edad ahora. Y muchas cosas me han pasado desde
entonces.
Cuando se murió mi mamá, las otras mujeres me dejaron abandonada y tuve que
luchar sola para comer los restos de los frijoles y tortillas que dejaban las
otras mujeres.
No paso mucho tiempo cuando desaparecieron varias niñas mayores que yo.
Pudieron ser mis hermanas o solo amiguitas, hijas de las otras mujeres de gala.
De todos modos, algunos dijeron que fueron a una casa de huérfanos, mientras
que otros dijeron que fueron vendidos para quitar sus órganos. La verdad es que
no sé, porque poco después, un muchacho llamado Jorge, me llevo un día de allí
y escapamos a una ciudad del altiplano. Me dijo que era mi hermano, pero
tampoco estoy segura de eso, y solo sé, que él tenía como diez u once años
cuando me llevo de la costa.
Jorge me trató muy bien y lo cierto fue, que era el único refugio que me
restaba en esta vida. Así fue, y como lo explique antes: yo no pedí el cielo.
Él fue muy inteligente y aprendió muchos oficios de un joven de edad, como
zapatería, hojalatería y también ayudante de albañil. Empezó con la hojalatería
en un puesto humilde en el mercado. El duelo era un tipo con cara dura, siempre
con una media barba y una expresión que tenía odio para este planeta y todos
los seres humanos que los habitan. No era muy alto, pero si era ponchado y muy
fuerte, se supone que fue por su oficio, que requiere mucha fuerza. De todos
modos, él supo inmediatamente que nosotros fuimos víctimas de esta vida, sin
recursos para sostenerlos. Por lo tanto, acepto a Jorge como uno de sus
empleados. Tenía otros dos niños trabajando para el en este tiempo.
Jorge probó ser el más capaz de los otros dos, entonces nos aceptó. El
trato fue que nos daba comida y lugar donde dormir. Este fue los mismos puestos
que tenía en el mercado. Fuimos como guardianes para él, los dos encerrados en
una tumba de láminas, con candados gruesos puestos afuera.
Sin embargo, era como un palacio para nosotros. A veces encendimos una candela
de a cinco o nos quedábamos en la pura oscuridad, hablando en voz baja acerca
de donde estuvimos, donde estábamos y el porvenir.
Esto último solo fue para el próximo día, por supuesto, porque cuando uno
vive así, es una cosa que requiere esfuerzo y mucha suerte. Lo cierto es lo que
estuvimos bien y desde luego yo no pedí el cielo.
Así fue la cosa por un buen rato, con Jorge dándole duro, haciendo un
montón de cosas de hojalata y yo aprendiendo más de la cocina. Supe cómo hacer
tortillas y frijoles y al dueño le gusto. Entonces me dio dinero para comprar
verduras en el mercado.
Fue una experiencia muy grande para mí, de estar sola con dinero comprando
cosas en el mercado. En realidad me sentí como una señora, marchanta, dueña de
algo. Las mujeres, indígenas que vendían sus productos, arrodilladas con sus
trajes típicos de colores brillantes, me conocieron de algún tiempo, me
llamaron Gloria y me dieron los mejores precios del día.
Sí, creo que esta fue la primera vez que sentí un rayo de esperanza en mi
vida. Rayo digo yo, porque lo que paso después casi se opacó para siempre.
Fue una noche cuando estuvimos allí por casi un año. Yo digo un año aunque
pudieron ser seis meses porque como sabe, viviendo una vida así, es algo
incalculable y como yo ni sabía cuándo nací, mucho menos voy a saber cuánto
tiempo es un año.
Bueno, fue esa noche, cuando estuvimos encerrados en el puesto, quizás era
media noche, cuando oímos algo pasando por afuera, pensamos primero que era un
ladrón, pero entonces nos dimos cuenta que alguien estaba quitando los candados
con llaves. Sabíamos los dos que la única persona que tenía las llaves, era el
dueño. Pero él vivía en su casa aparte y no tenía nada que ver con su taller a
media noche. Así nos esperamos, imaginándonos las peores posibilidades. Yo
descalza, como siempre y con un vestido viejo que no era de mi tamaño, porque
crecí mucho en este tiempo y Jorge con su ropa remendada y también sin zapatos.
Allí estuvimos, sentados en un petate con apenas una chamarra vieja entre los
dos, temblando por el frío y el temor. Fue Jorge quien actuó primero, se
levantó en la oscuridad y como un gato recogió una herramienta que usaba para
su trabajo. Creo que fue un martillo que se usa especialmente en la
hojalatería. Digo así, porque en el siguiente momento entró el dueño. Tenía una
linterna y estaba bien borracho. No dijo nada pero hizo unos sonidos como un
coche mientras que se me aproximo y me agarró violentamente. Yo traté de
defenderme con todo mi ser, pero este era un hombre fuerte, borracho y loco.
Dejo caer su linterna y me paso aplastándome en el petate. Estaba encima de mí,
con su cara grotesca y suspiro de guaro, asfixiándome y siguió con sus ruidos
de cerdo, mientras que trataba de quitar el ziper de su pantalón. Quería
gritar, pero a la vez algo en mi mente me dijo que si hacia eso, fácilmente me
quitaba la vida. Todo estaba perdido en ese momento o por lo menos lo poquito
que tenía para llamarse así, hasta que repentinamente apareció Jorge y con un
fuerte golpe se su martillo, con el que uso todo su cuerpo y experiencia,
termino con la vida del dueño.
Corrimos, por supuesto, como ratas del mercado, en la pura oscuridad, a
raves de los montones de basura, sin dirección ni propósito ninguno en la vida;
víctimas de una existencia que no pedimos ni mucho menos queríamos, atrapados
bajo una nube malvada que nos iba a cubrir toda la vida. Claro que no pedí el
cielo, pero esto fue peor que el infierno.
Eso hace muchos, cuando yo era niña. Ahora tengo diez o tal vez doce años
de edad. Desde entonces hemos vivido en la calle. Jorge consiguió trabajo de
vez en cuando con la zapatería. Creo que fue cuando empezamos a inhalar
pegamento. Fue muy bueno en el principio, porque no sentimos problemas, pero
Jorge perdió su chance por no llegar al taller y nos quedamos mal otra vez.
Fue en uno de estos ratos cuando aprendí a vender mi cuerpo para que Jorge
no tuviera que trabajar y los dos teníamos para medio vivir y para el
pegamento. De allí nos juntamos con una mara, empezamos a robar, chingar e
inhalar pegamento.
Creo que este es el fin de mi historia, como les dije antes, no sé si tengo
diez o doce años de edad. En realidad no me importa, porque tengo mi familia,
la mara, y claro, yo no pedí el cielo.
Monday, July 28, 2014
the bridge
THE BRIDGE
From the beginning of time, bridges were created for a purpose. They were usually made to traverse a river and communicate one town with another.
In modern times, bridges were forged to facilitate underpasses, with overpasses on colossal constructions of cement and steel. This enabled the masses of metal, in the form of vehicles, to go and return from their places of work. That was the idea, but when it became necessary to oust inhabitants from their safe homes, due to the fact that they lost their jobs, family et al, it evolved that they became a sort of refugie, for the displaced people. Most of them were degenerates, but as time went by and taxes rose, there was a spattering of college graduates and former professors were forced to camp out there.
"Who the hell stole my cardboard bed? If I catch the bastard, I´ll kill him!" exclaimed a former assistant professor at UCLA
He had a degree in anthropology, enrolled in a PhD program and an assistant professor when the department was closed and he was without a job. His wife left him and took the children. He lived in his Toyota for a time, until he had to sell it and since there was no other alternative remaining, he went under the bridge.
"Now you know that Xerxes, the son of Darias, built a bridge of an enormous undertaking, linking the land of the barbarians to that which would lead them to the land of Athens…" the bridge occupant explained to the reporter of the L.A. Times, who was doing his own anthropological study of modern urbanity…"and even though it did not succeed, for various reasons, it was still a bridge, which was useful for its purpose."
"And these bridges on the super freeways. Do you think they serve the same purpose?"
"Well, at that time, it was for an act of war. Nevertheless, from what I have experienced, it seems that every day we commit ourselves to the war of infinite highways and pray for luck to get us through it. But, just like the trials that Xerxes went through, we could also suffer the same fate: due to a flat tire or a breakdown of a Japanese car. Do I explain myself?"
"Definitely," the reporter replied, keeping his recorder going.
"Thus, the definition of anthropology, of which I have my degree, states that it is the study of man in all his aspects. I assume you understand that."
"Yes, of course." was the other´s reply.
It was already late afternoon and he wante4d to get back to his office to finish the story, which might or might not appear in the Sunday supplement. He was worried about his new Nissan, which was parked a mile away7, for he suspected that they might steal the tires to make Mexican sandals or just break the windows for the fun ot it.
"So then bridges were made and laid asunder, either by natural causes or that of man." The anthropologist continued before he shouted out his former threats: "If I find that bastard who stole my cardboard bed, I swear I´ll kill him with my own hands!"
"And now? We´re not living during the time of the Peloponnesian wars. So why do you live under this bridge here?"
"For no other reason than I have no alternative. I did everything that was expected of me. I got my degree, marr5ied and raised a family. That was all well and good. I had a position of assistant professor and was told that I would be kicked upstairs after I got my PhD…"
"And then?"
"Then the bottom fell out and the wholes department was discontinued. They said it was going to be replaced with something practical, so they introduce computer programming. It was agreed that if anyone wanted to study anthropology, the could go to Berkley and be damned!"
"I guess you lost your job after that."
"You don´t have to guess or even speculate. I predict that the whole department of humanities goes next and I´ll be sharing my cardboard mattress with other former professors."
Daytime straggles appeared, as the reporter sat on the cement and watched them pass by. They were not all young although youth seemed to be the majority and as they ambled to their prearranged spots, they did so with the stare of zombies who had just returned form the asphalt jungle.
"Hey! Anybody see what happened to my cardboard bed?" the ex professor cried out and a young man, with long hair and smoking a joint, appeared with the evidence in hand.
"Look man, it wasn´t that I was stealing anything. I mean I wanted to ball this girl and she said she had to have something to lay on, so I borrowed your cardboard, Sorry, but here it is," he explained, then took another puff and disappeared.
It was now getting dark and the reporter figured he had about a half hour to get out of there and back to his car, if it was still there. If he took AK-9 it would be a more direct route, but that was always crowded during the rush hour. Therefore he could chose AK-11, which was more circumcuous albeit less traveled At any rate, there would be the same amount of overpasses and underpasses, not to mention the bridges.
"I´m sorry, but it´s getting late and I really have to get going if Ii want to get this story out. I´ll try to send you a copy and I hope your plight, as well as everyone else who lives here. When the citizens of this country find out about this, there will be an uproar and I predict it will be heard all the way to Washington!"
The reporter, who was really far ahead in his thoughts of getting where he would be safe and sound, didn´t notice the expression of the defunct anthopo9logist He spoke of Xerxes, the son of Dari as and the Peloponnesian wars. It was bizarre. Perhaps he was an untapped genius. All of that didn´t matter, he knew, for modern communication, left everything like a billboard in the universe. You saw it, but paid no attention. It was a blip on the screen. Yet, it was his job to provide new blips, so he stood up and turned off the recorder. He shook the professor´s hand and asked:
"Do you have any idea for the title of this article?"
"Yes."
"What if it?"
"The Bridge.".
Monday, June 30, 2014
Re: WOODY
On Mon, Jun 30, 2014 at 11:32 AM, Harry Danvers <bennakum@gmail.com> wrote:
---------- Forwarded message ----------
From: Harry Danvers <bennakum@gmail.com>
Date: Mon, Jun 30, 2014 at 11:21 AM
Subject: WOODY
To: elerik.harry@blogger.comWOODYHe lived in Plainsville, Ohio, which was founded in 1798 and had one stop light, one grocery store, one bank and the rest were antique shops. In face it was the center for antiques in Ohio as well as other states. The had one of the oldest Quaker Meeting Houses in the nation and next to that was a home for the eldely insane. That´s where Woody existed.It was determined by the state psiquiatrías that Wooddy did not live in this world. He had the mind of an infant who had never learned to speak and was surrounded by memories of an unknown origin Noone knew exactly how he arrived in own or where he came from. He was just there and the oldest border in the elderly insane asylum. He therefore had a long, white beard, which coveed his face up to his eyes. These were remarably vivid, without color, but piercing and alert. He was of middle height, somewhat pauncy andf well endeared by all the inhabitants of Plainsville, Ohio. The state.psychatrist determined he was not dangerous, so he ws allowed the roam the streets of the village at his leasure."Morning Woody!""Heh Woody!""What´s going on ole man?"were some of the salutations he received, to which he would smile, in a toothless way and grunt back to them.Thyat grunt and other similar grunts, spliced together like a kind of morose code, sufficed for his conversation and the people seemed to understand.He didn´t frequent the antique shops but had a habit of going to the grocery store. Usually he just looked arund but one day he took a pack of cigarettes off the wrack, put it into his pocket and started walk out before a cashier yelled out;"Heh! You have to pay for that!"Woody turnd around with an astonished look. He didn´t know what she meant. He couldn´t undestand her. He grun ted and made such undecipherable sounds that she called Mr. Nell and he shepeared Woody outside;"Woody," he said, "we know you didn´t steal anything, but here the people pay for what they take. Do you understand?"Woody changed his palor and even beamed, making three grunts before walking away.Mr. Nell was so impressed that he told the check-out girls never the charge him and spread the word hat maybe Woody was speaking in an unkown tongueMr. Nell was the proprietor.of the grocery store. He had inherited it from his father and grandfather before him Therefore there was not one soul who did not know about someone in his family tree. moreover, his opinions were well regarded.Now the old Quaker Meeting House was still attended by a few people. Of course nothing was said unlss someone wanted to break the silence with dsesultory remarks. AT the same time it was established in their doctrine that anyne could enter the metting house and one day Woody did.No one wasw surprised fr he seemd as old as the came, colonial building itself. Everyone knew Woody from the next door elderly insane asylum. Therefore he sat down on one of the hard benches and joined in the silenceIt was a long, protracted, invisable silence in which each individual tried t lose himself in meditation. There is not much to think about in small town, but there is still the individual with his wandering thoughts. If you are a child this is simple but when you become an adult, you are the shadow of all that and Woody was a shadow.One hour led to the next and no one said anything. Woody remained motionless, until he decided he wanted to have a cigarette. Instinct told him he should not do this but he could not cointrol this instinct. He stood up abruptly and uttered a bellowing grunt. It echoed offthe ancient walls and woke the people from their restless sleep. Many knew what Mr. Nell had said and now it appeared it was coming true Woody continue to grunt in different tones and octaves as he walked down the asile.He went next dfoor to the elderly insane asylum and poaused ont he front porch to light a cigarette. He had no idea how he was affecting the town now or that he was fast becoming a local saint.
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